Argentina pierde más de siete científicos por día debido a la crisis salarial, dice el informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, citado por Página/12 del 19 de mayo. ¿Cómo sale esa cifra? De un cálculo sencillo: a partir de los 6.327 empleos que se perdieron en el sistema de ciencia y técnica desde diciembre de 2023, cada día 7,7 científicos abandonan el sistema. Cita Página/12: “En el informe se detalló que desde la asunción del gobierno libertario la variación del índice de precios al consumidor alcanzó un 303,5 %. Sin embargo, en el mismo período las remuneraciones de los trabajadores del Sistema Nacional de Empleo Público se incrementaron nominalmente sólo un 174 %, mientras que los salarios de los docentes e investigadores en Universidades lo hicieron un 165,4 %. El mayor retraso en la medición punta a punta en el período lo presentan los distintos agrupamientos de Conicet, Carrera de Investigador Científico, Carrera de Personal de Apoyo y las Becas, que se han incrementado apenas en un 140,3 por ciento”.
La paradoja
¿Qué consecuencias tiene esto? El biólogo Juan González lo precisó en su nota “Formar talento para exportarlo. La paradoja argentina”, del pasado viernes 5: la inversión pública en ciencia caerá al 0,14 % del PBI, el más bajo desde 1972; el Conicet ha tenido una reducción del 42,2% en tres años. Están afectados el plan nacional espacial, el INTA (el INTI es luna de las puntas de la desregulación del Estado del ministro nacional del área) y se están erosionando las bases del sistema científico. “El país invierte durante años en la formación de profesionales de excelencia, pero no logra ofrecerles condiciones para desarrollarse”. Ahí llega la fuga de cerebros, dice, que se traduce en “menor capacidad de innovación, menor competitividad productiva y mayor dependencia del exterior”.
Otras opciones
Consultado Augusto Bellomío, director del Conicet NOA Sur, dice que “hay un proceso de destrucción que nos va a costar muchísimo revertir en el futuro. Realmente la desfinanciación redunda en la cantidad de investigadores que han abandonado el sistema. Ya hay gente que directamente no lo tiene como opción. Los sueldos están extremadamente bajos, estamos en los mínimos históricos. Un becario está por debajo de la línea de pobreza; y un investigador que recién empieza está en el límite de la línea de pobreza”. En Tucumán hay 38 investigadores y seis miembros de personal de apoyo que han esperado el alta desde 2022. Muchos equipos están casi sin uso porque los fondos destinados a proyectos de las unidades ejecutoras están en los mínimos históricos. Ergo, se está dejando de demandar servicios. “Podemos dedicarnos a los temas importantes de la economía tangible; podemos tener mejor calidad de vida; estudiar problemas como inundaciones, enfermedades y epidemias que nos pueden afectar y que podemos prever”. Pero en la incertidumbre hay investigadores que tienen que buscar cómo sustentarse, si no se les da respuestas. Bellomío cita el gran ejemplo histórico de la alianza de ciencia y sociedad que es la investigación tucumana de la Estación Experimental.
Expectativas
Por otra parte, dice que, pese al panorama oscuro, los investigadores tratan de conseguir financiamiento de fuentes internacionales, y se han hecho contactos con la Unión Europea y con la Fundación Araucaria de Brasil. Bellomío tiene algunas expectativas de cambio: “ya vivimos períodos iguales. Es como que vos tenés un fuego; las maderas, el combustible, las leñas se van consumiendo, y la brasa está ahí, tapada con ceniza. En un momento lo único que hace falta es correr un poquito la ceniza y poner más leña arriba de las brasas para que se haga una gran fogata. Y la fogata que puede dar calor y puede iluminar a al país, a la región, a Tucumán, va a depender de la madera, de la leña que le hagan llegar los que toman las decisiones, ¿no?”
Visibilizando la tarea
Los investigadores tratan de visibilizar su tarea ante la sociedad. ¿Se acuerdan del impacto de la transmisión en vivo del robot submarino en la costa argentina, con “la estrella de mar culona” y las maravillas del fondo del mar? Hace unos días fue el festival “Pint of Science” en el bar Irlanda (Catamarca 380) donde hubo “conferencias sobre economía circular, el rol benéfico de las abejas para el ecosistema, los misterios de las tumbas arqueológicas de Egipto, las bacterias como protectoras de alimentos, y otros tópicos”, según la descripción del portal del Conicet, “para construir un puente más sólido entre quienes hacen ciencia y quienes sienten curiosidad por entender el mundo que los rodea; en un contexto donde la desinformación avanza y el pensamiento crítico se vuelve cada vez más necesario”.
También se destacó hace días que científicos del Conicet hallaron un mecanismo común de replicación para los virus del dengue, Zika y fiebre amarilla, lo cual, a largo plazo, podría llevar a tener un antiviral de amplio espectro; es decir, un solo medicamento capaz de tratar diferentes virus.
Hacia el apagón
Esta es la investigación aplicada, la que se ve y se aprecia en el acto. ¿Y la otra, básica, la que juega y arriesga a no llegar a resultados prácticos? En el contexto de desfinanciamiento e invisibilización, corre el otro riesgo, de desaparecer. “Esa desinversión en ciencia la vamos a pagar porque perdemos el tren”, dice Bellomío. “El país se encamina a un apagón tecnológico y académico cuyas consecuencias estructurales tardarán décadas en revertirse”, dice la nota de Página/12. “Persistir en ese camino implica, en los hechos, resignar futuro”, dice Juan González.
Mientras tanto, el silencio desde las oficinas gubernamentales marca la línea de la desregulación y el desfinanciamiento. En ese silencio se percibe acaso un correlato de la política de ajuste: poco parece importar que no se investigue, si los productos que se vayan a consumir van a ser todos importados, hechos afuera. En caso de que aún quede quien los vaya a consumir.